Morada es fruta 11

Morada es fruta 11Hoy nada de hablar de comida, haré el esfuerzo. No hablaremos de té, ni huevos, no hablaremos de mercados, ni bolsas de la compra, ni salud. Hablaremos de lugares, de sitios para sentarse y, sí, desayunar.

Hoy he ido a desayunar y escribir a un café de Barcelona que es muy cool. Decir Barcelona y decir cool es como decir turista chino con gafas y cámara de fotos, se sobreentiende.

Este café se llama Federal Café y es un edificio de 3 plantas, con ático, es como una casa antigua reformada y transformada en café de Barcelona cool. Mola un huevo. Perdón, hoy dije que nada de comida. Mola mucho.

Hay una revista The New Yorker sobre una mesa gigante donde podemos sentarnos a desayunar, leer, escribir, hacer fotitos, muchas personas que no nos conocemos de nada, y no nos molestamos. Hay espacio para todos. Hay espacio para una chica rubia y su novio que toma medicinas, hay espacio para una chica morena, alta, con pañuelo rojo al cuello, para una chica joven embarazada con tatuaje de flor en el hombro, hay espacio para una señora morena con móvil, portátil, agenda, voz molesta, la chica embarazada se toca la barriga justo antes de probar el muffin, el chico de las pastillas tose y bebe zumo de naranja, perdón, nada de comida. El chico de las pastillas simplemente tose y bebe. A mi derecha una chica de bolso azul sobre la mesa y gafas de sol verde limón en la cabeza escribe en su móvil. Dos chicas de mi edad hacen fotos a su desayuno, el camarero se sienta a su lado y hablan de lugares de Barcelona a los que ir, apunta este, es genial.

En la mesa hay cinco jarrones con flores blancas, si supiera más de flores, podría decir jazmines, margaritas, rododendros, pero para mí esto son flores blancas que huelen a flor violeta. No tengo ni idea de lo que es un rododendro, pero me gusta como suena. Podría haber escrito guayaba, cocotero, samsung galaxy.

En la mesa también hay periódicos y revistas y azucareros. También estoy yo. Llevo bufanda, chaqueta, dos camisetas, vaqueros, calcetines desparejados, deportivas, calzoncillos don dibujos. La chica del bolso azul se levanta y paga. La chica rubia del novio que toma pastillas se despereza. Yo escribo esto. Frente a mí hay un gran ventanal que me permite ver pasar a un chico con un perro, a un hombre transportando fruta en una carretilla, un chico con un casco de moto, una señora con dos bolsas de la compra poniéndose las gafas de sol. Hay una bicicleta negra encadenada a una farola. A mi izquierda, apoyado en la pared, está mi patinete.

Hablo del espacio en el que estoy porque no tengo nada dentro. No tengo nada que contar, soy incapaz de una reflexión, soy incapaz de hacer algo interesante. El camarero es gay y me encantan sus gafas de pasta. Hay una camarera, alta, morena que viste completamente de negro, no es ni guapa ni fea, no me gusta. Prefiero que me atienda el camarero con sus gafas y su camisa a cuadros.

Hoy tengo que arreglar mi parte del piso. Comparto piso. Tengo el dormitorio lleno de ropa por todas partes, ropa limpia que me da pereza doblar, guardar, dar besitos. Tengo que barrer y fregar y hacer la cama.

Hoy el día es soleado y de temperatura agradable. En lugar de estar en ese café cool de Barcelona al que acaba de entrar una mujer rubia de 55 años con sus dos hijas rubias, ávidas, curiosas, que se iban a sentar aquí pero ahora se sientan allí, y luego no, mejor aquí. La camarera de negro les pregunta que desean. la chica embarazada subraya con marcador verde un libro de texto. Un Opel Vectra espera a que el semáforo se ponga verde. Pasa un camión Bi frutas, un Ford Ka, un chico con boina en bicicleta.

La pareja que tose y bebe y se despereza se levanta y se va. Yo no sé qué más describir. Siento que estoy vacío, creo que solo valgo para ver la tele y comentar en facebook, me gusta, me gusta, jajajajaja, me gusta. Danilo, ¿qué cuentas? Entran cuatro personas de golpe, dan besos, saludan, hablan en inglés. Pasa un hombre en bicicleta con una muleta enganchada. Los hijos de puta que acaban de entrar dejan la puerta abierta. Entra frío. El camarero les saluda, les toca la espalda. Yo estoy por levantarme y liarme a hostias. Cerrad la puerta ya joder.

Unos rayos de sol entran por la ventana.

Manuel del Barrio Donaire

Manuel del Barrio Donaire (Úbeda 1977) es poeta y librero. Ha vivido en Parla, Alicante, Málaga y Barcelona, donde reside actualmente y se alimenta como puede. A veces lee, a veces escribe, a veces come verduras y bebe agua embotellada. Le gustan los helados, las galletas, las tazas de leche con Nesquik y los documentales de la 2. Tiene un MBA y una PS3. Procura ir al quiropráctico todas las semanas. www.delalinearectadelmarcodelapuerta.blogspot.com

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